lunes, 17 de agosto de 2026

 



                                                            

                                VERANO 2026 (PRIMERA PARTE)

 

Revisando este blog para hacer algunas correcciones, caí en la cuenta que llevo publicadas el mismo número de entradas que años me han caído, es decir, 71 que no está nada mal.

Así pues, para deshacer este empate, en los 15 días de Agosto que me había reservado para hacer algún viajecito con mi moto, me organicé una visita con el ánimo de descansar y ver cosas no conocidas de una zona que, cuando la descubrí en un viaje anterior en el 2021, me dejó entusiasmado por su belleza, lugares, paisajes, gastronomía y un largo etc.

Se trataba de la Ribeira Sacra, a caballo entre Orense y Lugo y afortunadamente aún no explotada por el turismo masivo y que me iba a permitir disfrutar de un merecido descanso con excursiones a lugares no visitados en la primera ocasión.

Siendo consciente de que a mi montura actual no le podía exigir las mismas prestaciones que a mis anteriores Burgman 650 y, sobre todo, a mi cuerpo serrano tampoco, planifiqué el viaje de forma tranquila haciendo paradas intermedias a la ida y a la vuelta  y realizando excursiones que no tuvieran un excesivo kilometraje. Aquí va el relato (en dos entradas para no hacerlo pesado) de este viaje senil que me ha permitido revivir experiencias de otros años siguiendo el lema de que “hoy no es un día más sino uno menos y hay que disfrutarlo”. Como siempre pinchad en las fotos para ampliarlas.


Viernes 31, Sábado 1 y Domingo 2

 

Cuando ya tenía todo organizado caí en la cuenta que había cometido un error. La salida la había previsto para el 1 de Agosto, es decir, sábado, inicio y regreso de vacaciones para unos y otros con el consiguiente atasco monumental a la entrada y salida de Madrid. De manera que hube de cambiar el plan, saliendo el 31 de Julio que supuse con menos masificación en las carreteras.

El plan era hacer noche en Las Rozas y llegar a Orense al día siguiente pero  la entrada a mi alojamiento de Orense la tenía el día 2 y, aunque intenté cambiarla, no lo conseguí. De manera que obligatoriamente tenía que hacer una segunda pernocta. Para ello elegí un lugar que en un viaje anterior no pude visitar adecuadamente por cuestiones meteorológicas y que me quedé con las ganas. Se trataba de Puebla de Sanabria y de esta forma tardé tres días en llegar a Orense que era mi destino final.

Con la moto cargada con lo necesario para pasar  dos semanas fuera (la experiencia te hace aprender a viajar con lo imprescindible y olvidarte de los “por si”), salí de Murcia con destino a Las Rozas. El trayecto no tuvo complicaciones, las típicas paradas para repostar, estirar las piernas y descansar las lumbares y, de paso, echar un pitillito. La verdad es que la moto, a pesar de su limitada cilindrada, se comporta muy bien y no tiene problema en rodar a 110-120 por autovía evitando con ello el atraco recaudador de la DGT con sus variados radares.

Al llegar a Madrid algo de tráfico para tomar la A-6 que sorteé sin problemas llegando a mi hotel en Las Rozas y, tras comer,  echarme una reparadora siesta. Por la tarde un buen paseo, cena ligera y a descansar para el día siguiente.

Este segundo día encontré algo de tráfico moderado/intenso que en moto se lleva bien pues te permiten circular por el arcén derecho y ya, pasando el túnel de Guadarrama,  la cosa es más fluida.

Así que rodando con alegría, parando cuando era menester y disfrutando de la carretera sin horarios marcados llegué hasta mi primer destino. Era Puebla de Sanabria, aunque yo había reservado un coqueto hotel en un pueblecito de al lado (El Puente) porque ya lo conocía de un viaje anterior y me había gustado. Dejé el equipaje, comí en su buen restaurante, descansé un rato y a media tarde me dispuse a ver lo que me dejé en el tintero.

Me encaminé hacia la calle de la Rúa, (peatonal y la más popular pero también la más inclinada del pueblo). Es una pronunciada pendiente que te hace parar de vez en cuando lo que sirve para ir viendo las casas solariegas que la jalonan. De esta forma, resoplando, llegas a la pequeña Plaza Mayor donde se encuentra el Ayuntamiento y un restaurante  con las típicas balconadas de madera repletas de flores.






Pero como no era hora de comer ni cenar me dirigí hacia un clásico del románico zamorano: la iglesia de Nuestra Señora del Azogue que nos presenta dos portadas, la meridional está bajo un porche entre la torre y el brazo sur del transepto. Tiene tres arquivoltas de medio punto abocinadas, con flores tetrapétalas la superior, baquetonada la del medio y anacelada la inferior.





La otra tiene cuatro arquivoltas apuntadas con columnas que tienen adosadas figuras de piedra de pizarra mientras que el resto es de granito. Sobre la clave hay una cabeza de caballero barbado.






Al lado se encuentra la ermita de San Cayetano que perteneció a una familia noble leonesa y que por su estilo neoclásico no suscitaba mi interés.

Al lado de esta ermita se encuentra el castillo de la población, construido en el S. XV por los  Condes de Benavente y que, como otros muchos, ha servido de acuartelamiento militar y cárcel.



Regresé a por la moto y, aunque  no fuí por haberlo visitado en mi anterior viaje, recomiendo a todo el que se acerque por estas tierras que se acerque a contemplar el Lago de Sanabria ( lago glaciar más grande de la Península Ibérica y uno de los mayores de Europa, con más de 3 kilómetros de largo, 1,5 de ancho y 50 metros de profundidad ).

Terminada mi visita regresé al hotel para cenar y planificar mi siguiente día.

Día que iba a suponer una gran decepción. Resulta que había reservado un hotel para 9 noches como “campamento base” para realizar mis rutas. En teoría el hotel estaba en Orense o cerca de la ciudad . Pues bien, puse en marcha el G. Maps y, al llegar a Orense, ví que indicaba que continuara. Le hice caso y comencé a alejarme de la capital orensana, me sacó de la autovía para meterme por estrechas carreteritas de montaña mientras yo rodaba y rodaba. Me paré y volví a sintonizarlo pero nada, él erre que erre. Golpe de calor googeliano pensé y mientras como un idiota admirando el paisaje y teniendo cuidado para no matarme en alguna curva cerrada. Tras casi 2 h. de viaje llegué a una aldea y me metió por un camino descendente hasta llegar a un caserío al lado de la iglesia. Entré y pregunté si la dirección era correcta y, al afirmarme que sí, el alma se me fue a los talones. Resulta que en la reserva de Booking solo ponía el nombre del establecimiento y Orense pero ninguna indicación de que se encontraba a más de 50 kms. de la ciudad y por aquellos caminos infernales.

El lugar era un enorme caserío muy, muy, muy rural. Con su enorme perro, un par de gatos que circulaban a sus anchas, una especie de pequeño lago con varios patitos nadando y una piscina en la que no me bañaría aunque me pagasen. No hice fotos porque me daba vergüenza. La dueña me condujo a mi rural habitación donde me desplomé sobre la cama y lloré en silencio. La reserva para 9 días ya estaba pagada pero tenía claro que yo allí no podía quedarme so pena de arruinarme las vacaciones porque desde aquel lugar era imposible realizar los viajes programados.

Bajé y hablé con la dueña exponiéndole la situación que la mujer entendió perfectamente indicándome que al día siguiente llamaría a Booking para ver como se podía solucionar.

Pasé el resto de la tarde haciendo gestiones con el móvil para intentar encontrar otro hotel que se adaptara a mis necesidades, prefería perder el dinero pagado que tirar por tierra el resto del viaje. A fin de cuentas solo se trataba de dinero.

Conseguí reservar otro hotel cerca de Orense (a 8 kms. por autovía) y no tuve más remedio que pernoctar allí esa noche. De las gestiones de la dueña nunca más se supo.


Lunes 3, Martes 4 y Miércoles 5

 

Me levanté, desayuné y volví a subir a la moto para deshacer el camino y llegar hasta mi nuevo hotel para la siguiente semana. Este si era un hotel “normal” con buena habitación con A/A, cafetería, restaurante y a un precio asequible. Así que, una vez instalado y recompuesto me encaminé hacia el primer destino de esa jornada.

Se trataba de un pueblo denominado Abeleda donde se encontraba una curiosidad que había descubierto. Cerca del pueblo, por un camino de tierra bastante infernal se encontraban los restos del Monasterio de San Paio (Pelayo en castellano), un edificio del S. XII que fue abandonado con la desamortización de Mendizábal.

Lo primero que llama la atención es que el atrio (a pesar de su abandono) conserva un cementerio. Ello se debe a que la iglesia continuó siendo parroquial hasta el año 1972.



Conserva la portada de acceso y sobre ella una pequeña espadaña con dos figuras ( probablemente San Paio y San Juan Bautista ).




Pero lo más interesante está en el interior de la iglesia con planta de cruz latina que, aunque ha perdido la cubierta, conserva los capiteles de las columnas con representaciones vegetales y zoomorfas y las impostas ¡policromados! con colores azul, rojo y amarillo que, aunque con algún repinte posterior, se piensa que respetaron las tonalidades originales.












En la pared también se puede observar una pintura de la Virgen coronada y en una visión posterior la espadaña que aún conserva sus dos campanas.                                                      


 



Terminada la visita regresé por el criminal camino hasta el pueblo para dirigirme hasta el cercano Beiro que también conserva su pequeña joya en forma de la iglesia de Santa Eulalia que es un destacado ejemplo del románico rural gallego. Fechada entre finales del S. XII o comienzos del XIII y que ha sabido conservar gran parte de se estructura románica original, aunque presenta añadidos posteriores.

Construida con sillería de granito gris oscuro con líneas de mortero entre los sillares, el ábside semicircular está dividido en cinco calles por cuatro columnas entregas.

Los capiteles muestran hojas y pomas y dos son figurados. Los tres paños centrales llevan un ventanal tipo portada con arquivolta de baquetón y chambrana ajedrezada.



Los canecillos son figuras (persona sentada, otra con las pernas levantadas exponiendo su sexo, aves, cabezas de animales, etc.).                                                                                                            


  


    El muro septentrional se conserva casi perfectamente salvo por la adición de una escalera que      conduce a una puerta moderna.                                                                                                         

   

                                                                                                     
Aquí se encuentra una pequeña puerta románica con una arquivolta de bocel y un interesante tímpano que contiene una figura de animal cuadrúpedo que se identificó con un león pero si nos fijamos bien su cola lo descarta con lo que parece mas una singular representación de un lobo o un perro.                                                                                                                                                  



                 
La portada principal está rematada por una espadaña barroca y tiene un innegable aire mateano ( maestro Mateo de la Catedral de Santiago ). Tiene dos gruesas arquivoltas de medio punto           anilladas con motivos vegetales. Debió tener tímpano pero ha desaparecido pero si posee un            moderno dintel que se apoya en las antiguas mochetas románicas con dos cabezas de animal (         probablemente leones ).                                                                                                                                    


      



                                                                                                     
A 13 kms. de allí, en otro pueblecito llamado Gustei nos podemos encontrar con la iglesia de Santiago del S. XIII que conserva casi intacta su estructura original con una sola nave              rectangular y un ábside, además de una armónica espadaña coronada por la figura de Santiago Apóstol.                                                                                                                                                     


 

                                                                                                                                           

En la fachada occidental hay una abocinada portada que es una auténtica joya decorativa ya que sus arquivoltas se adornan con una impresionante colección de motivos vegetales y escenas figurativas que, aunque erosionadas, revelan un minucioso trabajo de los canteros.







Esta iglesia se encuentra rodeada por un entorno rural que nos conecta con la Galicia más auténtica.

El último punto a visitar hoy se encontraba en Xunqueira de Ambía donde se halla el Monasterio de Xunqueira que, además de encontrarse cerrado, no conserva mucho de su primitivo origen románico.

La fachada presenta dos potentes contrafuertes con una media columna entre ellos que la divide en tres paños. En el del centro se encuentra la espigada portada con tres arquivoltas que se apoyan sobre columnas con capiteles no figurados. El tímpano es liso y se encuentra horadado con un vano posterior y contiene la borrosa fecha de 1164 que se toma como referencia de la edificación. La puerta se remata con un tejaroz que se apoya en arquillos y encima hay un enorme óculo.







En el espacio de entrada hay un cruceiro que tiene dos caras, por una se representa la imagen de Cristo en la cruz y por la otra la de la Virgen sosteniendo en su regazo a Cristo fallecido. Ambas figuras presentan un deterioro bastante importante.



Terminado el recorrido y con unos espléndidos 37º retorné a mi nuevo hotel para hacer lo que la meteorología imponía: comida en el restaurante y subida a la habitación para, acunado por mi A/A, darle un homenaje a mi recién estrenada cama.

Tarde de lectura y reposo para mis maltratadas lumbares.

El día siguiente tenía dos objetivos a priori interesantes. El primero era desplazarme hasta Ribadavia para ver el pueblo y un par de monumentos.

Esta ciudad cuyo nombre significa “a orillas del rio Avia” se considera la capital “oficiosa” de la Ribeira Sacra. Tiene un pasado musulmán y fue conquistada para los reinos cristianos por el rey asturiano Alfonso III y su expansión demográfica y económica tuvo lugar en el S. XII merced al poder de sus numerosos monasterios y a la comercialización exitosa del vino de Ribeiro que goza de cuatro virtudes: vigor, color, olor y sabor.

En el S. XIV fue saqueada por los ingleses al mando del Duque de Lancaster y ya en el S. XIX su poderío vitivinícola fue diezmado por varias plagas de las vides, como el oídium, el mildiu y la filoxera lo que obligó al éxodo a gran parte de su población. En 1947 fue declarada Monumento Histórico Artístico y hoy en día es una próspera ciudad de 5000 habitantes con un importante patrimonio cultural y artístico.

Después de un paseo por sus calles y plazas me encaminé a buscar uno de los lugares que me interesaban.




El Convento de Santo Domingo se empezó a construir en 1271 (siendo por tanto gótico) y fue habitado por la orden de los dominicos. Su cabecera es de gran belleza con tres ábsides hemipoligonales (más grande el central) con estribos escarpados en los vértices y bellos ventanales en el centro de las caras planas.






La fachada occidental está presidida por un gran rosetón y la puerta tiene tres arquivoltas apuntadas que se apoyan en cuatro columnas y presentan  palmetas y chambrana de puntas de diamante.






En el muro norte hay tres pequeñas puertas, una de ellas muy interesante por presentar un pinjante calado por un óculo tetrafoliado.




En el interior llaman la atención las bóvedas de crucería en abanico de la cabecera y los pilares de semicolumas que separan las tres naves son de gran delgadez lo que confiere a dichas naves un aspecto liviano.




El otro punto de mi interés era la iglesia de San Xoán que fue levantada por la Orden militar de los caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén en las primeras décadas del S. XIII. Consta de una nave rectangular y una cabecera con largo presbiterio y ábside semicilíndrico. También posee un campanario adosado al costado norte.

El ábside presenta una gran belleza con la pega que se encuentra rodeado por edificaciones que no permiten una visión de conjunto.








Se articula mediante columnas entregas que se levantan sobre plintos y en cada paño hay un elegante ventanal tipo portada con fina arquivolta abocelada y ancho guardapolvos ajedrezado. Los capiteles de las columnas son vegetales.



El alero de la cornisa está soportado por una estructura de arquillos ciegos sobre canecillos que se alternan con metopas decoradas con relieves de lazos y animales.



En la fachada occidental se abre una portada con tres arquivoltas de medio punto. Las impares con bocel y escocias y la del medio con palmetas. Tiene una peculiaridad ya que en vez de un tímpano convencional posee un arco que reposa sobre mochetas conformando una especie de arco en gola.






Desde allí me encaminé por una bonita carretera serpenteada, parando de vez en cuando para fotografiar el paisaje, durante 38 kms. para buscar mi segundo destino del día.






Se trataba del famoso Monasterio de Oseira, un monasterio trapense de la Orden del Císter que tuvo una fundación real y que a lo largo de su historia tuvo una gran importancia económica y social en la comarca y otras tierras.

Se concibió para una comunidad numerosa de monjes (es de los mayores de la orden cisterciense en España) y fue levantado en las últimas décadas del S. XII y primeras del XIII.

Al llegar me encontré gran número de visitantes en la entrada. Resulta que las visitas eran guiadas con horarios determinados y la última de la mañana había sido a las 12,30 h. y eran las 12,45. La siguiente era por la tarde a las 16,30 h.

La disyuntiva era permanecer allí tirado casi 4 horas con un sol de justicia y sin comer o regresar al hotel y hacer el mismo plan del día anterior (comida, siesta y tarde de lectura y relax). Decidí que ya he visto muchos monasterios en mis andanzas de todos estos años y, además, me pareció demasiado “turístico”. Así que me contenté con entrar en la enorme tienda de recuerdos (esa estaba abierta de manera permanente), comprar unas pastas de los monjes y, al salir, realizar unas fotos del exterior.








El siguiente día estaba dedicado íntegramente a conocer una de las ciudades más famosas de esta comarca. Esta fama se debe a que está considerada como la patria del pulpo a feira, teniendo su propia fiesta anual donde se cocina y degusta este cefalópodo en cantidades industriales.

Llegué tempranito (está a solo 28 kms. de Orense) y me di un garbeo por el pueblo sin que me llamara la atención nada en especial. Nada en especial hasta que al subir por una empinada calle me tropecé con una gran plaza en la que estaba instalada una “cosa” que me hizo sentarme en un banco para no caerme de culo.

Se trataba de un adefesio a modo de catedral de la cual os cuento su historia.

Al parecer es una obra inacabada de un arquitecto gallego llamado Antonio Palacios (aunque luego contribuyeron al catedralicidio otros arquitectos y canteros) y fue finalizada en 1957. Fue financiada mediante suscripción popular (a muchos carballineses aún les debe doler su aportación) y, sin rodeos ni anestesia, es el mayor engendro religioso que yo he visto en mi vida.

Está construida con materiales de la zona (granito y pizarra) y su estilo (dicen los expertos) es de “difícil definición”. Para que os hagáis una idea del mamotreto que tenía ante mí un erudito carballinés (omito el nombre) la definió como “el templo es como una suma teológica de la arquitectura histórica de Galicia, en relación también con el Camino de Santiago, con la arquitectura inglesa, el atlantismo y con los modelos y admiración de Palacios a la Escuela Vienesa”. Agárrame esa mosca por el rabo, añado yo.

Es una mezcolanza sin pies ni cabeza de arcos pretendidamente románicos, torreones de castillos, arcos que imitan a los mudéjares, rosetones y óculos colocados sin sentido, una torre a la que no se puede subir, en fin, es como si hubieran metido en una batidora diferentes cosas y hubieran colocado al tun tun lo que hubiera salido de allí.

Os dejo fotos para que las veáis (previa sesión intensa de yoga).






Rodeé "aquello" dando respingos a cada paso.








Como estaba abierta y en el fondo tengo una vena masoca me decidí a entrar. No me defraudó. Aquello era una discoteca sin DJ, lucecitas por todos lados, un Cristo crucificado al fondo que parecía volar y con cara de “yo no he sido, os lo juro por mi Padre” y sobre todo una imagen impactante de una santa que aún me visita en mis pesadillas.








Sin recuperarme del soponcio decidí buscar un restaurante que tenía apuntado como uno de los mejores del lugar para comer el famoso pulpo a feira. Pedí un ribeiro y una tabla pequeña del susodicho cefalópodo. ¡ pero estaba duro ¡. Al indicárselo a la camarera le echó la culpa al calor y no sé que otras cosas.  Donde esté un buen pulpo al horno murciano que se quiten todos los pulpos a feira de Galicia.

Completamente desnortado salí de allí siendo consciente de que si lee esto algún carballinés seré nombrado persona non grata de Carballiño para los restos.

Como aún quedaba día por delante, decidí que una buena idea era acercarme (es un decir) hasta Lugo y repasar alguna cosa ya conocida de mi viaje anterior por estas tierras. Así que carretera y manta procurando no caerme si me venía a la mente la imagen de aquella pobre santa.

Lugo es la ciudad que posee la muralla romana mejor conservada de toda Europa y que está en un estado envidiable, pudiendo recorrerla en su totalidad.




Tiene varias puertas de entrada. Yo penetré por la denominada Puerta del Obispo Aguirre y me dirigí a un restaurante ya conocido porque eran las 14,30 h. y notaba un ruidito en mi aparato digestivo.




Aplacado el ruidito fui a darle un repaso a la Catedral de Santa María.



 





Fue diseñada por el maestro Raimundo de Monforte, iniciándose su construcción en 1129 y finalizando en 1273, románica por tanto pero con muchas reformas posteriores.

La planta es de cruz latina con tres naves, crucero y girola con cinco capillas absidiales.

De lo que queda de románico lo más destacado es la puerta norte, cobijada por un pórtico de principios del S. XVI y cubierto de una bóveda estrellada.

Dicha portada está formada por tres arquivoltas y guardapolvo con arcos de medio punto y dintel lobulado. Posee una mandorla con un espléndido Pantocrátor sedente del que cuelga un pinjante de gran originalidad con forma de capitel y en donde está representada la Ultima Cena. Tallada en mármol data del S. XII mientras los herrajes de las puertas son del S. XIII.






En los soportales de al lado hay una curiosa tienda dedicada al mundo de las brujas y meigas, aunque no hay que confundir estas dos figuras. Las brujas son seres malignos vinculados a la oscuridad y oscuros rituales, mientras que las meigas son figuras de la cultura gallega y representan a mujeres sabias, sanadoras y vinculadas con la naturaleza.

Pues bien, esta tienda posee en la parte superior del edificio hasta 6 balcones por los que asoman otras tantas brujas o meigas, sin poder discernir entre unas y otras.




En esos instantes comenzó una fina lluvia (esto es Galicia, señores) que se transformó en un respetable aguacero y me obligó a cobijarme en un bar cercano para tomar un café. Desde allí pude fotografiar otra de las puertas de la muralla denominada Puerta de Santiago, una de las más antiguas ya que existía en época romana, aunque con muchas modificaciones. Al parecer era una puerta privada de los canónigos y sus sirvientes que empleaban para acceder a las huertas situadas en el exterior.

En un templete superior se colocó una imagen del Apóstol Santiago y debajo el escudo de armas del Obispo Izquierdo.



El aguacero duró lo que yo tardé en tomarme el café, así que decidí regresar a por la moto, secarla y salir de Lugo no fuera a repetirse la lluvia por el camino. Llegada al hotel y fin del día.

Hasta aquí la primera parte de mi viaje pero ….. continuará.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario