VERANO 2026 (SEGUNDA PARTE)
Jueves
6, Viernes 7 y Sábado 8
El día estaba dedicado a
visitar Portomarín y alguna otra cosita.
Portomarín
podríamos decir que es un pueblo “nuevo”. La villa nació y creció al
lado de un puente romano sobre el rio Miño y el Camino de Santiago. Pero
resulta que en 1962 se construyó un embalse (Belesa) y con el evidente riesgo
de que el pueblo fuera anegado se decidió su traslado a la cercana ladera de
Monte Cristo, transportando incluso piedra a piedra las dos iglesias de que
disponía. De manera que nació un nuevo Portomarín que es el que hoy en día
podemos visitar.
Es un lugar tranquilo, con
calles y edificaciones modernas y que goza de todos los servicios por lo que es
un lugar para vivir y cuya paz solo se ve alterada ligeramente con la llegada
del turismo (no excesivo) en los meses de verano.
De las dos iglesias
“trasladadas” la mayor es la iglesia de S. Nicolás que
se encuentra en el centro de la espaciosa plaza del pueblo. Se construyó entre
los S. XII y XIII por la Orden Militar de San Juan de Jerusalén que había
establecido con anterioridad una encomienda hospitalaria ya que era el único
punto para atravesar el Miño entre Lugo y Orense.
Fue planteada como una auténtica fortaleza reflejada en su esbeltez y verticalidad.
Posee tres portadas en las que
se ve claramente la influencia del Maestro Mateo.
La del lado sur se habilita
entre contrafuertes bajo uno de los grandes arcos de descarga que articulan los
muros laterales de la iglesia y está resaltada por una cornisa a modo de
tejaroz animado con arquillos, canecillos y metopas.
En ella se despliegan tres
arquivoltas con motivos geométricos y vegetales y que se apoyan en columnas con
capiteles de motivos fitomorfos y zoomorfos.
En el tímpano hay una figura mitrada (se cree que S. Nicolás) flanqueada por dos acólitos.
La portada norte tiene
características similares, llamando la atención la arquivolta más exterior por
presentar molduras que alternan lóbulos grandes y pequeños.
En los capiteles hay cestas
decoradas con animales fantásticos y en el tímpano encontramos una delicada
escena de la Anunciación con S. Gabriel desplegando sus alas y la Virgen
recibiendo el mensaje abriendo sus palmas.
La portada oeste es quizás la
más espectacular, con un Cristo en Majestad presidiendo el tímpano rodeado de
los 24 ancianos del Apocalipsis que tañen sus instrumentos.
El ábside es cilíndrico menos la parte del presbiterio que es recto. Está dividido en dos pisos por una imposta y en tres paños por columnas adosadas. En cada paño se abre una ventana con una arquivolta con chambrana que se apoya en dos finas columnas con capiteles variados.
Continuando el paseo por la
calle principal bajo los soportales y dejando a la izquierda un cruceiro y a la
derecha el colegio se llega a la otra iglesia, más pequeña y antigua ya que
data del S. X y denominada iglesia de S. Pedro.
Es la iglesia más “española”
que me he encontrado en el viaje ya que ondean en su tejado las banderas de
España y Galicia.
Está declarada Monumento
Histórico Artístico y construida en sillería de granito.
La portada románica está
formada por arcos de medio punto con arquivoltas cubiertas con motivos
geométricos. El tímpano se sostiene por batientes con cabeza de toro y tiene
dos semicírculos estrellados.
Continué el paseo haciendo una
foto del paisaje que rodea al pueblo y de la talla de un peregrino que nos indica por donde discurre el Camino de Santiago.
Compré
algún recuerdo en una tienda de
artesanía y me dispuse a acercarme a un pueblo relativamente cercano que me
causó una grata impresión en mi primer viaje.
Se trataba de Samos que, además ser el Monasterio más antiguo de
España, posee una gran belleza tanto en la portada (dicen los expertos que tiene cierto parecido con la de Santiago) como en los claustros. Está
habitado por monjes benedictinos y recuerdo que en mi visita anterior me quedé
charlando con el monje que nos lo enseñó y me indicó que es uno de los pocos
monasterios en España que no recibe ningún tipo de subvención ya que los dueños
del edificio son los propios monjes y se mantienen con lo que fabrican y con
los ingresos de la hospedería. Más debería haber con estas características,
pensé yo en aquel momento.
Pero no había venido a visitar
el monasterio sino otro lugar que el mismo monje me indicó y que me agradó
enormemente.
A pocos metros de allí se
encuentra un paisaje espectacular atravesado por el pequeño rio Oribio donde
crecen las anguilas y las truchas.
Y allí también se encuentra
una pequeña iglesia prerrománica y al lado un ciprés milenario. Del mismo hay
un dicho que reza “si das una vuelta alrededor del ciprés llegarás a Santiago
sin molestias en los pies”
Sentarte un rato en aquel
paraje, sin nadie que te moleste y oyendo el ruido de las aguas del rio, es una
de las experiencias más gratificantes que yo recuerdo de mis viajes.
Comí en uno de los muchos
restaurantes del pueblo en compañía de varios peregrinos que se dirigían a
Santiago y tras reposar lo ingerido me monté en la moto para regresar al hotel
y descansar por la tarde.
Nota
al margen: viajar en moto con las temperaturas que están haciendo es
algo bastante complicado por mucho que te gusten las motos. Entre la
parafernalia de casco, guantes, chupa, botas, etc. y con 37º es una experiencia
bastante incómoda. Por eso yo he preferido hacer las rutas matutinas para
llegar al hotel, comer, ducharme y descansar por la tarde protegido por mi A/A.
Al despertar el siguiente día
me planteé la siguiente cuestión. Hay tres tipos de mariscos: los moluscos
bivalvos (mejillones, almejas, ostras, navajas y berberechos), los moluscos
cefalópodos (pulpo, calamar y sepia) y los crustáceos (gambas y langostinos,
langosta y bogavante, cangrejos, centollos y nécoras, cigalas y carabineros y
los percebes).
Pues bien, en la Galicia
interior (Orense y Lugo) predominan los moluscos pero los crustáceos (que son
los que a mi me gustan más) son patrimonio de las Rías (Pontevedra y La
Coruña). Así pues ¿por qué no plantearme una excursión a algún lugar de las Rías
Baixas y darme un pequeño homenaje?. Después de haber perdido el importe de la
reserva de aquel primer hotel rural de infausto recuerdo ya me daba igual ocho
que ochenta.
Y que mejor y más cercano
lugar que O Grove en la provincia de Pontevedra donde (según tengo entendido)
le gusta homenajearse al Emérito después de hacer como que regatea en el
cercano Sanxenxo.
Pues dicho y hecho. Reservé
una mesa en un restaurante (no en el del Emérito) y, después de desayunar puse
rumbo a O Grove (136 kms. bien llevados) y salivando durante el recorrido al
pensar en los crustáceos.
O Grove es un municipio
situado a la entrada de la Ría de Arousa cuyo hecho más relevante en la
historia moderna fue ser el lugar por el que penetró en 1562 la peste bubónica,
que luego se extendió por toda Galicia.
Hoy en día este municipio
tiene como fuente principal de ingresos el sector servicios y, en particular,
el turismo. Llegué a media mañana y, tras aparcar en un puerto atestado de
coches, me dediqué a pasear por el mismo y realizar algunas fotos.
A la hora convenida me dirigí
al restaurante seleccionado donde, la verdad, me atendieron estupendamente y
pude degustar un marisco de excelente calidad acompañado de un Ribeiro
exquisito. No cuelgo fotos de los platos ni la factura porque ya sabéis que no
suelo hacer publicidad (salvo raras excepciones) de los sitios donde me alojo o disfruto de su
gastronomía y porque no quiero despertar insanas envidias entre mis lectores.
Terminada la comida paseé un
rato y me senté en una terraza para tomar café y esperar que el Ribeiro se
metabolizara porque, según creo, no es muy amigo de esos aparatos sopladores
que usa la DGT.
Cuando creí que mi estado
psicofísico era el adecuado subí a mi moto y retorné a mi hotel satisfecho por
el deber cumplido.
El Sábado 8 tenía una agenda
variada. En primer lugar desplazarme hasta una pequeña aldeíta de difícil
localización que se llamaba Vilanova de Dozón.
Había dos manera de llegar y, lógicamente, mi querida enemiga del G. Maps me
condujo por la más complicada (camino estrecho sin asfaltar, baches, piedras,
en fin, lo normal).
¿Por qué de mi interés ?. En
la Edad Media era bastante frecuente que damas de la alta sociedad que
enviudaban promovieran la creación de monasterios femeninos donde ellas mismas
ingresaban hasta el final de sus días.
Esto ocurrió en esta aldea
perdida de la Galicia profunda donde una tal Guntroda Suárez fundó un
monasterio femenino con la advocación de S. Pedro en 1162 y se recluyó en él.
De aquel primitivo monasterio
solo queda una bonita iglesia, más bien pequeña, de una sola nave con la
cabecera rematada por un ábside semicircular con grandes ventanas y columnas.
Lo más destacable es su unidad
de construcción con perfecta sillería granítica en tonos grises, azulados y
rosados que contrastan con el intenso verdor del paisaje circundante. Además de
la riqueza de ventanas, columnas, contrafuertes y cornisas decoradas.
El ábside semicircular tiene
un bello rebanco dividido en tres pisos de aristas aboceladas, queda
estructurado verticalmente en cinco calles mediante cuatro columnas existiendo,
en cada calle, un ventanal (tres de ellos cegados) con arcos de medio punto con
roscas decoradas sobre parejas de columnas.
Destaca por encima del resto
el ventanal central, en el que fue horadado un óculo a modo de ojo de buey y
una celosía formada por cinco vanos circulares dispuestos de tal manera que
reproducen una forma cruciforme.
En el tambor absidial hay una
inscripción “Yo Guntroda Suárez fundé este Monasterio en honor de San Pedro
en la era MCLXII”.
En el muro septentrional,
cobijada por un tejaroz sostenida por una cornisa de arquillos semejantes a los
del alero, se abre su portada más relevante. Consta de tres arquivoltas
molduradas y apuntadas que descansan sobre dos parejas de columnas con capiteles
decorados y el conjunto se culmina con un tímpano presidido por una cruz en
bajorrelieve.
En la fachada sur, más
escondida, hay otra portada más pequeña con arquivoltas similares a la anterior
y con igual decoración en su tímpano.
Me llamó la atención que en
una repisa del lado izquierdo de esta portada hay una pequeña imagen
(probablemente añadida con posterioridad) de la Virgen con el niño en su
regazo. No sé si tiene un gran valor pero si sé que es fácilmente sustraible
por manos interesadas, lo que demuestra la falta de protección de nuestro
patrimonio.
Cuando descubro algún lugar
como este no puedo dejar de pensar la dejadez de nuestros políticos en la
conservación del patrimonio. Esta iglesia que se degrada día a día, bien
conservada y publicitada podría ser una fuente de ingresos para una aldea que no
debe tener más de 8-10 habitantes y su visita bien enfocada (con alguien que la
enseñara y un pequeño barecito en la proximidad) serviría para el mantenimiento
de la misma y desarrollo del lugar.
Con estos pensamientos que ya
he explicitado aquí en varias ocasiones, regresé hacia Orense para darle un
repaso a esta bonita ciudad que me ha acogido todos estos días. Pero antes
quise pasarme por un lugar cercano al hotel denominado A
Merca donde quería ver otra curiosidad de las que me gustan.
Un hórreo es una construcción de madera o
piedra a modo de pequeño recipiente ventilado que mediante pies generalmente de
piedra sostenían el cuerpo de madera o piedra, donde se guardaban y preservaban
las cosechas, sobre todo de maíz. Pues
bien, en la parroquia de A Merca se construyeron 37 hórreos a mediados del
siglo XX con una tipología común.
Todos ellos están realizados con pies
y tornaratos (piedra cuadrada o circular que se coloca entre el
hórreo y los pies), pero el lugar dedicado a guardar el grano es de tablas de
madera con separación de un centímetro para poder ventilar su interior. Su
cubrición es a dos aguas, realizada con teja del país. La función de estos era
preservar el grano fuera del alcance de los roedores y de la humedad.
Satisfecha esta curiosidad me dirigí
hacia la cercana Orense para darle un repasito a esta bonita ciudad,
básicamente a su Catedral.
Orense, la antigua Aurea o Auregia fue un asentamiento romano
consolidado para la explotación de las minas de oro que había en los
alrededores. Situada en un valle y atravesada por los ríos Miño, Barbaña y
Lonia es la ciudad más poblada de la Galicia interior con sus más de 100000
habitantes.
Tras la dominación
romana pasó a manos de los suevos y en la Hispania visigoda fue sede episcopal
de la iglesia católica.
Se supone que
sufrió incursiones árabes antes de pasar definitivamente a manos cristianas.
Durante los siglos
XVII y XVIII la urbe no se enfrentó a grandes acontecimientos y ya en el S. XIX
era una pequeña
ciudad poblada principalmente por hidalgos, artesanos y religiosos, entre los
que destaca la figura del Cardenal Quevedo.
El desarrollo de la ciudad estuvo
marcado por la llegada del ferrocarril y
la construcción de la carretera Villacastín-Vigo, que dará como resultado
una ciudad de carácter eminentemente comercial y administrativo.
Actualmente Orense es un importante nudo
de comunicaciones donde confluyen con la autovía de las Rías Baixas y la
autopista de Santiago, cuatro carreteras nacionales, así como cuatro vías de
ferrocarril.
Ha sabido explotar su faceta turística
como “ciudad termal” contando, además de las famosas burgas de la ciudad, con
numerosos establecimientos y balnearios en diferentes localidades dedicados a
este tipo de turismo.
Aparqué la moto a la sombra (37º marcaba
una farmacia) y fui ascendiendo para llegar al casco histórico, haciendo de
paso alguna foto a un bonito edificio adornado con hiedra …
… y a una desierta Plaza Mayor donde se
asienta el Ayuntamiento.
Después de mucho rebuscar un restaurante
para comer me encaminé hacia lo que más me interesaba revisitar que era su Catedral.
En mi anterior
visita recuerdo que la entrada era gratuita pero (imagino que adoptando la
política de impuestos de nuestro amado Gobierno) ya no lo era y me costó unos
cuantos euritos acceder a la misma.
Es, tras la
Catedral de Santiago, el edificio medieval más relevante de toda Galicia aunque
eclipsado por el imponente atractivo de la catedral compostelana.
Aunque se inició
en un románico tardío, los más de ocho siglos de construcciones y alteraciones
han dado como resultado un edificio ecléctico que no podemos encuadrar en
ningún estilo concreto. Hay capiteles interiores que son vegetales pero hay
otros historiados con animales del bestiario como las arpías.
A finales del S.
XV se erigió un cimborrio tardogótico muy llamativo por su altura.
Lo más llamativo del exterior
son sus portadas románicas. Disponen de tres arquivoltas muy decoradas y las
columnas de apoyo, los capiteles y las mochetas están repletas de esculturas
muy bien talladas y con una clara relación con la escuela del Maestro Mateo con
un bello naturalismo simbólico que anuncia la llegada del gótico.
Pero lo que más llama la
atención es la monumental puerta del oeste, más conocida como Pórtico del
Paraiso. De respetables dimensiones, presenta una enorme colección de estatuas
pétreas con policromía bien conservada y consta de tres grandes arcos, el
central con parteluz.
Es posterior al Pórtico de la
Gloria de la Catedral de Santiago y se inspira claramente en él aunque,
paradójicamente, siendo varias décadas más “moderna” su escultura se muestra
bastante más románica, con geometrización de los cuerpos y rigidez de los
rasgos y gestos.
Desde el punto de vista iconográfico y en sintonía con el de la Gloria compostelano, podemos encontrar a los ancianos del Apocalipsis con sus instrumentos musicales en la arquivolta central. En los tres arcos se representan a los apóstoles, personajes bíblicos y ángeles y demonios.
El Altar Mayor destaca por su magnífico retablo gótico, obra de Cornelis de Holanda, construido entre 1516 y 1520.
El Santo Cristo de Orense es una talla de la que se tiene constancia desde el siglo XIV. Sujeto de diversas leyendas, la talla se caracteriza por ser la escultura más famosa de la catedral, siendo la más visitada y venerada.
Esperando que mi pobre moto no
hubiera colapsado por el calor, retorné a por ella para regresar al hotel y
dedicar la tarde a lo mismo que en días anteriores.
Domingo
9, Lunes 10 y Martes 11.
Este día tocaba traslado.
Había encontrado un establecimiento en plena Ribeira Sacra, cerca de un
pueblecito denominado Escairón que tenía una pinta espectacular.
Como no tenía prisa alguna y
las carreteritas invitaban a frecuentes paradas para fotografiar el paisaje fui
rodando tranquilamente hasta mi objetivo. Siguiendo el cañón del Sil contemplé su zigzajeante discurrir, sus zonas navegables y sus embarcaderos.
Cuando llegué me quedé
impresionado. Un enorme caserío totalmente renovado se ofrecía ante mis ojos.
Rodeado por un bosque en el centro del mismo se encontraba una preciosa piscina
(sin patitos) y rodeándola varias edificaciones: un pabellón para convenciones
gastronómicas, un parque infantil con un pequeño campo de fútbol, un lugar para
almacenaje y dos edificaciones, la central con varias habitaciones, cafetería,
zonas exteriores y varios salones para restaurante que, como pude comprobar
después, era magnífico. Otra, más moderna, al lado de la piscina con ocho
estupendas habitaciones en una de las cuales me ubicó la amabilísima dueña. Sin
ruido, con pocos huéspedes y una tranquilidad suprema. Así que me dije “aquí me
quedo durante un par de días y me olvido de excursiones y románico que mi
cuerpo me pide un descanso”. Ya he comentado más arriba que no suelo indicar
lugares donde me alojo o sitios donde como porque este blog no contiene
publicidad, salvo excepciones. Y esta era una de ellas: Hotel Tres Portas. Si
alguien viene por esta zona no lo dudéis.
De manera que esa tarde y el
día siguiente me los pasé “al dolce far niente”, bañándome, leyendo, durmiendo
a pierna suelta y comiendo y cenando a las mil maravillas.
El último de los días, para no
oxidarme, me acerqué hasta Monforte de Lemos para buscar una tienda
especializada en cerámica de Sargadelos para comprar un regalo a mi recién
estrenada nuera (hay que tenerlas contentas).
Miércoles
12, Jueves 13 y Viernes 14
Bueno, pues había llegado el día
del eclipse. Sin planificarlo de antemano me había tocado pasarlo en un pueblo
llamado Castro Candelas que a la entrada
luce un cartel con el lema “Uno de los pueblos más bonitos de España”. Yo creo
que haciendo un recuento a ojo de buen cubero el 80% de los pueblos españoles
son “los más bonitos de España”. El hotel elegido no estaba mal pero nada que
ver con el Tres Portas.
Después de comer y sestear me
di una vuelta por el pueblo confirmando mi apreciación anterior. Un castillo
del S. XIV con doble muralla y tres torres que al final pasó a manos de la Casa
de Alba (decidme algo que no haya pertenecido a esta familia) aunque
actualmente pertenece al Ayuntamiento.
Paseíto por un casco histórico
nada llamativo y una copita en una terraza para “no ver” el eclipse porque en
la farmacia del pueblo las famosas gafas se habían agotado.
Tocaba regreso a casa con
pernocta incluida en Las Rozas y llegada a Murcia al día siguiente donde me
recibieron unos espléndidos 38º con una humedad de más del 90%.
Hasta aquí mi viaje por la
Ríbeira Sacra que como dicen los gallegos “ha tenido sus días buenos y sus días
no tan buenos, todo depende”. En cualquier caso, si planeáis venir por aquí os
recomiendo que no queráis verlo todo de una vez porque os dejaréis muchas cosas.
Galicia se merece un par de viajecitos porque hay “dos Galicias” bastante
diferentes. La interior (Lugo y Orense) que os he narrado y la costera con sus
Rías Baixas (Pontevedra) y Altas (La Coruña).
Para Septiembre tengo
preparada una salida de 4 días que se parece bastante a mi actual
situación. Os dejo con la intriga.
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