martes, 3 de abril de 2018




                                                                 PA CAI



          ¡ Por fin !. El mal tiempo se iba retirando y, aunque el inicio de la primavera se presentaba algo irregular, ya era hora de continuar con mis escapadas moteras que me hacen desconectar completamente, con la única preocupación de dónde voy, que es lo que veo, a quién conozco y que gastronomía disfruto. Asi pués,  me preparé una ruta por un sitio que, aunque visitado hace años, no me había recorrido con calma y en profundidad y del que solo me quedaban algunos vagos recuerdos: Cádiz y sus alrededores. 


DÍAS 1 y 2

                Salí de Murcia y me dirigí hacia Granada por la A-92N parando en el camino para repostar, descansar y hacer una foto de Sierra Nevada totalmente cubierta del blanco elemento.



                   Llegué a Granada sin contratiempos y la bordeé para continuar por la A-92 hasta mi destino para hacer noche: Loja.
                 Loja  es un municipio granadino que tuvo gran importancia en la época islámica (Medina Lauxa) y que fué entregada por el mismísimo Boadil al rey Fernando de Aragón en 1486. Cuna de ilustres personajes como Gonzalo Fernñandez de Córdoba (El Gran Capitán) que fué alcalde de la localidad, el General Narváez (primer ministro de Isabel II) o en época musulmana el gran poeta Ibn al-Jatib.  
                  Después de preguntar varias veces y recorrerme el pueblo sin bajarme de la moto, logré encontrar mi alojamiento: Hotel Rural Llano Piña que se hallaba alejado del pueblo unos 1,5 kms. El sitio estaba bastante bien aunque algo apartadillo. Tomé la habitación y me dispuse a comer en una bonita terraza con un agradable solecillo.
                     Por la tarde, después de descansar un rato, volví a tomar la moto para acercarme al pueblo y darme un garbeo. El centro estaba cortado por el paso de una procesión que, después de aparcar, me dispuse a ver llegando hasta la Plaza del Ayuntamiento que se halla ubicado en el Palacio de Narváez, palacete del S.XIX residencia del mencionado General. Observé como portaban el paso ascendiendo por las empinadas calles del pueblo y, a la vuelta ya anocheciendo, como transitaba por el denominado Barrio Alto.

                                             Procesión con el Palacio de Narváez al fondo 



                     Callejeé un rato por las calles del pueblo atestadas de gente y  me dirigí a visitar la Iglesia de S. Gabriel, uno de los ejemplos más notables del Renacimiento granadino. Es del S.XVI y se le atribuye a Diego de Siloé. Destaca sobre todo la portada lateral, con dobles columnas jónicas.




                    Volví a tomar la moto para dirigirme al Hotel, cenar y a descansar para seguir mi camino al día siguiente.

               Después de desayunar y preparar las cosas continué mi camino por la A-92 no teniendo muy claro por donde desviarme para llegar hasta Cádiz, así que tomé la primera salida que encontré que indicaba "Cádiz AP-4" resignándome al jodido peaje pero, al parar a repostar, el gasolinero me indicó que podía tomar la N-IV ahorrándome el oneroso diezmo. Ello me permitió pasar por varios pueblecitos, entre ellos El Palmar de Troya, donde paré a fotografiar el engendro que edificó el pirado de Clemente Domínguez, autodeminado Papa como Gregorio XVII. El edificio no puede ser más feo, vulgar remedo del Vaticano, pero oye ahí sigue en pié dirigidos creo por un tal Pedro III y con una estructura rígida y sectaria que, entre otras cosas, no permite la entrada de personas ajenas ni las fotografías (je, je).



                   Continué mi camino sobrecogido por la estupidez humana y llegué a Cádiz entrando por el Puente de la Constitución. Mi alojamiento se hallaba en uno de los barrios con más solera de Cádiz: La Viña y , para llegar a él, atravesé Puerta Tierra y me adentré (con gran cabreo de mi moto) por calles adoquinadas que bordeaban el malecón, pasando por la Catedral hasta llegar al lugar. Llamé y quedé con la encargada del alojamiento, un apartamento situado en una antigua casa del barrio y decorado de forma bastante curiosa (Apartamentos La Selva). Me dió las instrucciones pertinentes y me dispuse a acomodarme para salir a una primera toma de contacto.
                   Callejeando por La Viña llegué a una plaza donde se situaba el Mercado de Abastos, con la solera de los mercados de toda la vida. Puestos de carne, frutas, pescados y mariscos, embutidos y toda suerte de viandas se alineaban en el centro del edificio mientras que en un corredor externo se hallaban gran cantidad de tiendecitas donde saborear los diferentes manjares: ¨pónme dos tortillitas de camarones", "pisha, dame un cartucho de chocos", "un par de ostiones y un finito", eran expresiones repetidas por la gente que hacía cola. Seguí mi camino para desembocar en la Plaza de la Catedral.
                    La Catedral de la Santa Cruz (Catedral Nueva para los gaditanos) es un edificio de grandes proporciones que se empezó a construir en el S.XVIII y se terminó en el XIX. Mezcla de estilos barroco y neoclásico, la portada está formada por formas cóncavas y convexas y las torres culminan en forma de observatorio astronómico, siendo excepcional su altura ya que los Borbones habían prohibido construir edificios tan altos para no ser un blanco fácil para el enemigo. En el interior destaca el coro con una preciosa sillería y, bajo el altar mayor, se hallan enterrados personajes como Manuel de Falla o Jose Mª Pemán.





                          
             

                     Después de visitar la Catedral busqué un sitio para comer. Cuando viajo no sigo un horario habitual de comidas, pero eso mi estómago no lo sabe. Entré en una bonita taberna cercana y me dispuse a saborear los manjares gaditanos. Aquí he de hacer un inciso, la verdad es que está todo muy rico pero resulta algo monótono. En cualquier sitio donde entres tienen siempre la misma carta: pescaito frito, puntillitas, chocos, cazón en adobo o sin él, gambas rebozadas, caballa asada, cañaillas, ortiguillas y, si quieres marisco fresco (nada que ver con el gallego) tipo gamba blanca, cigalas, etc. el precio se dispara. En mi opinión (corro el riesgo de que me nombren persona non grata) abusan mucho de la fritura, pero hambre no se pasa y acompañado de un fino que entra muy bien, podemos darle un notable. Por cierto, me extrañó que abunda mucho por estos lares una gran cerveza como es la Estrella de Galicia.
                     Para rebajar lo trasegado me fuí a dar un paseo por la famosa playa de la Caleta, una coqueta y pequeña playita situada en el extremo del barrio la La Viña y que, debido al buen tiempo, se hallaba bastante concurrida.



                           En el camino hice algunos fotos desde el malecón.





                     Ya era media tarde y quería ver alguna procesión de aquí para compararla con las de mi tierra y las de otros lugares de Andalucía, así que paseando me fuí hasta el centro de Cádiz, por la zona del Ayuntamiento, donde me busqué un sitio adecuado y me entretuve haciendo una foto de alguien que no os puedo decir quién fué porque había gran cantidad de gente subida al mismo y tapaban la inscripción.




                       Pasó la procesión y ... bueno, no estaba mal. El andar del paso y la banda de música bastante decentes pero nada comparables a Sevilla, Granada o Córdoba.





                     Después de ver el cortejo procesional me dí una vuelta por las calles del barrio del Pópulo, contemplando bellos edificios con fachadas señoriales y ,tras tapear algo en barecitos que encontraba a mi paso, regresé a mi apartamento para preparar el siguiente día.


DÍAS 3 y 4 

                       Después de desayunar me dirigí por la CA-33 para recorrer los 14,5 kms. que me separaban de San Fernando.
                       Su nombre original era Villa de la Real Isla de León (La Isla). Sus raices arrancan en los fenicios que construyeron en la isla de Sancti Petri el templo de Hércules y posteriormente fundaron Cádiz. Por allí pasaron cartaginenes, romanos (autores de un acueducto que después se transformó en el Puente Zuazo que la une a Cádiz), visigodos, árabes y castellanos. Durante los S.XVII y XVIII vivió su mayor esplendor gracias a la llegada de la Marina, construyéndose edificios como la Casa Consistorial, varias iglesias notables, el Castillo de Sancti Petri y el Real Teatro de las Cortes. En este último (también llamado Teatro de las Comedias) se reunieron desde Septiembre de 1810 hasta Febrero de 1811 los diputados para elaborar la primera constitución española y tercera del mundo: la Constitución Española de 1812, mientras eran asediados por las tropas napoleónicas ya que la Isla de León junto a Cádiz se mantenían como los últimos bastiones españoles en la Guerra de la Independencia. Debido a este hecho a la Isla de León se le otorgó el título de ciudad y pasó a llamarse San Fernando en honor del monarca reinante Fernando VII.
                          Mucha historia como véis. Hoy visitar San Fernando es pasear por su larguísima calle principal, deteniéndose por ejemplo ante la iglesia del Carmen, antiguo convento carmelita de estilos barroco y neoclásico. Alberga la imagen de la Virgen Coronada, patrona de la ciudad y de la Armada Española.






                           Continuando mi camino llegué a la Casa Consistorial que es el mayor edificio de la arquitectura civil de Andalucía y el tercero más grande de toda España. Lamentablemente está siendo rehabilitado, con la fachada totalmente cubierta y sin poder visitarse ni tan siquiera realizar una foto decente.
                              Algo más lejos se halla la iglesia de San Pedro y San Pablo (iglesia Mayor), un templo neoclásico del S.XVIII con dos campanarios con azulejos azules donde se reunieron los diputados arriba mencionados para implorar la inspiración que les hiciera acometer con éxito la redacción de la Constitución. En el se halla la imagen de El Nazareno (que goza de gran fervor entre la gente) y la imagen del patrón de la ciudad, San José.

 
                            Como ya era media mañana y, después de tomarme unos ricos churros, desandé el camino y volví a tomar el camino para recorrer por la A-390 los 10,6 kms. que me separaban del punto siguiente.


                                    Este no era otro que el bello pueblo de Chiclana. La fundación de esta villa data de 1303 a cargo de Fernando IV de Castilla y aquí tuvo lugar la famosa batalla de Chiclana durante la guerra de la Independencia. 
                                  El casco antiguo es un pequeño laberinto de callejas que al final te llevan a los más destacable del pueblo, su Plaza Mayor. Allí se encuentran las dos construcciones más famosas. Presidiendo la plaza está la Iglesia Mayor de San Juan Bautista, un impresionante templo obra cumbre del neoclasicismo gaditano del S.XVIII y catalogada como B.I.C. En su interior (que no pude visitar por estar cerrada) alberga varios cuadros de la escuela de Zurbarán.


                                
                                  El otro edificio se halla en un lateral de la plaza y es denominado la Torre del Reloj. Se construyó en el S.XVIII sobre una de las antiguas puertas de entrada a la villa. Realizado en piedra ostionera consta de cuatro cuerpos, estando las campanas en el tercero de ellos. Como la iglesia carece de campanario a esta torre se le atribuyó un uso religioso, siendo "el campanario" del cercano templo.



                              Los dos edificios en su conjunto dotan a la Plaza Mayor de un marcado acento monumental.


                                     En el camino de regreso me paré ante el Convento de Jesús Nazareno, un edificio barroco del S.XVII con una bella portada con columnas salomónicas en mármol blanco.


                              Continué mi camino por la A-48 para recorrer los 28,3 kms. que me iban a llevar hasta el Puerto de Santa María. Se había levantado un fuerte viento y la conducción era algo complicada.
                                Esta población se halla en la desembocadura del rio Guadalete y sus orígenes parecen remontarse hasta la época romana. Como curiosidad es el único pueblo de España en cuyo término municipal hay tres cárceles.
                          La villa tiene una enorme riqueza monumental ya que es conocida como la Ciudad de los Cien Palacios, aunque el tiempo y la dejadez ha conseguido que la mayoría estén en ruinoso estado.
                              Paré a tomar algo en uno de los muchos bares atestados de gente que se sitúan en la calle paralela al rio y, con las fuerzas recuperadas, me dí un paseo por sus calles y me detuve ante la impresionante fachada de la Iglesia Mayor Prioral, obra promovida por los Duques de Medinaceli, que data del S.XV y está construida en piedra arenisca. Parece ser que el primer maestro de obras fué Alonso Rodríguez que, por aquel entonces, trabajaba también en la Catedral de Sevilla.


                         Continué el recorrido pero, por neglicencia mía y para vuestra desgracia, el móvil se había quedado sin batería, por lo que no puedo dejar testimonio gráfico de los lugares que ví: el Hospital de S. Juan de Dios, el castillo de S. Marcos, la Plaza de Toros, la Fuente de las Galeras e incluso un monumento a Paquirri. Como el viento no amainaba me dieron ganas de dejar allí la moto y tomar el famoso Vaporcito del Puerto para regresar a Cádiz, pero mi amiga no se merece ese desprecio, así que con cuidadito y circulando despacio regresé a Cádiz ya anocheciendo, aparqué en le puerta del apartamento y me dispuse a encontrar un bar donde cenar tranquilamente antes de irme a descansar.

                          El plan para el día siguiente era desplazarme hasta Jerez para ver el espectáculo "Como bailan los caballos andaluces" y así lo hice recorriendo los 32,4 kms. por la A-4 que separan Cádiz de Jerez de la Frontera. Localicé la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre y aparqué en la puerta.  Esta Escuela fué fundada en 1973 por Álvaro Domecq y como su Presidente de Honor es el Rey Juan Carlos I ostenta el título de Real. Sus instalaciones están formadas por el Palacio Duque de Abrantes, la guarnicionería, el Museo de Arte Ecuestre , el Museo del Enganche y el picadero donde se realizan las exhibiciones. Está prohibido (cosa lógica) realizar fotos y vídeos del interior de las instalaciones y del espectáculo, por lo que tendréis que conformaros (ya había recargado el móvil) con fotos de los exteriores.

                                                     Palacio Duque de Abrantes   

                           Como tenía tiempo de sobra y llevaba entrada combinada fuí a ver el Museo de Carruajes y la guarnicionería donde, además de contemplar preciosos carruajes de diferentes épocas incluyendo el utilizado por la Infanta Elena y el Duque de Marichalar en su boda que luego terminó como terminó, pude apreciar en directo como bañaban a varios caballos e incluso acariciar a algunos de ellos en sus cuadras.




                           
                         Ya sin más dilación me dispuse a ver la exhibición que es una auténtica delicia para los sentidos. La conjunción de jinetes y caballos acompañada de música española refleja fielmente el gran trabajo de doma que hay detrás y la nobleza y cualidades de estos bellos animales.
                             Eran cerca de las 14 h. cuando terminó el espectáculo y el plan era regresar a Cádiz, pero pensé que lo mejor era ver lo que pudiera de Jerez y completarlo al día siguiente. Así que caminé hasta el centro, comí un rico gazpacho y un delicioso pescaíto frito y me zambullí en las calles de Jerez para ver lo que me deparaban. La primera parada fué en la Iglesia Catedral, construida sobre la antigua Mezquita Mayor. Es un templo gótico del S.XVIII con una imponente fachada de tres puertas y abundante imaginería barroca.



                                               
                              El interior consta de arcos de medio punto con una preciosa bóveda central muy trabajada y una gran custodia de plata.





                                  Después de ver la Catedral (entrada 5 eurazos) me dirigí al otro gran templo de Jerez: la Iglesia de S. Miguel. Se halla en pleno barrio gitano y su construcción comienza en el S.XV y se prolonga varios siglos, por lo que presenta elementos góticos, renacentistas y barrocos. La fachada principal obra de Diego Moreno Meléndez es una gran representación del espíritu imaginativo del barroco, con dobles columnas y hornacinas entre ellas. No pude ver el interior por hallarse cerrada.



                                 Continué mi camino pasando por algunos rinconcitos encantadores de esta bella ciudad ...


                                       ...  bordeando la alcazaba y admirando su bella torre octogonal ...




                                          ...   para terminar el recorrido en la Plaza de Santa María con el Gallo Azul presidiéndola, edificio elegante de estilo neomudéjar que acoge un restaurante y un gastrobar.

                               Abandoné Jerez para regresar a Cádiz y por el camino fuí dándole vueltas a una idea. El plan de viaje previsto era que al día siguiente volvía a Jerez y pernoctaba allí y el siguiente me dirigía a Granada para hacer noche y luego a Murcia. Pero de Jerez ya había visto lo más destacable y la noche en Granada era para ahorrar la paliza de kilómetros (aunque Granada siempre merece una parada). Por otra parte podía ahorrar un par de días y llegar antes a casa donde me esperaban varios asuntos pendientes.
                                Así que al llegar a Cádiz comprobé que podía anular sin cargo los hoteles de Jerez y Granada (gracias booking), cené algo en un bar cercano, preparé las cosas y me fuí a descansar.
                                 Según las indicaciones de un taxista el regreso era más corto si me dirigía a Sevilla y tomaba la salida de Arcos de la Frontera para, tras pasar por pueblos ya conocidos por mi, terminar en Antequera y desde ahí retomar la A-92 hasta Granada y Murcia. Vale, pero yo la salida para Arcos no la vi por ningún sitio y me planté en Sevilla, desde ahí a Granada con parada para comer y luego a casa. Resumiendo, batí mi record absoluto de distancia recorrida de un tirón (658 kms.) y llegué a casa sobre las 19 h. (las lumbares bien por la comodidad de mi moto, pero el hombro jodido por mi luxación acromio-clavicular), ganando dos días sobre el itinerario previsto.


P.D  Si todo transcurre con normalidad para el próximo puente de Mayo realizaré la Ruta de la Alcarria de Cela ... pero en moto y sin choferesa de color. 

viernes, 10 de noviembre de 2017





              RECORRIENDO LA SUBBÉTICA CORDOBESA


                Ya empezaba a entrar el frío (no la lluvia por desgracia) y el otoño asomaba el hocico, lo cual significaba que el año motero tocaba a su fin y que había que irse despidiendo de la moto para rutear hasta la primavera. Por ello decidí desempolvar una de las rutas que tengo planificadas y lanzarme a recorrer los pueblos que conforman la subbética cordobesa, de los cuales solo conocía Priego por haber estado hace unos años. Así que aprovechando unos días libres (de jueves a domingo) preparé la moto, le arreglé el pito que había dejado de sonar y me lancé a descubrir esta bella zona cuna del buen aceite.

DÍAS 1 Y 2                                                                

                 Salí de Murcia por la A-30 para enlazar en Puerto Lumbreras con la A-92 que me llevaría hasta Granada, en un trayecto archiconocido por mí y en el que no me detuve más que para repostar y estirar las piernas. Al llegar a Granada tomé la N-432 hacía Pinos Puente y Córdoba y luego la A-339 que, pasando por Alcalá la Real, me llevaría hasta Priego de Córdoba. En total 351 kms. que recorrí en unas 4 horas. Al llegar a Priego pregunté por el hotel. Se trataba del Casa Baños de la Villa y estaba en pleno casco histórico casi pegado al Balcón del Adarve. El acceso resultó complicado, sobre todo porque la calle que llegaba hasta el hotel estaba cortada por la rotura de una tubería y tuve que acceder al mismo por un callejón por el que, con los espejos plegados, apenas cabía mi moto. El caso es que llegué, aparqué en la puerta y tomé la habitación de un hotel encantador, ambientado y decorado al estilo árabe y que ofrecía por 49 euros una estupenda habitación, un rico desayuno y un baño árabe del que no pude disfrutar por el corte de agua de la tubería mencionada. Así que, después de dejar las cosas, me dispuse a recorrer lo que pudiera de ésta bella ciudad hasta que hubiera luz solar (lo del cambio de hora todavía no termino de entenderlo).
                          Me dirigí a la cercana Plaza de Santa Ana y, como era hora de comer, hice honor al lugar y saboreé un excelente salmorejo y un más que aceptable flamenquín.

                                                       Plaza de Santa Ana

                              Con las fuerzas repuestas me fuí a callejear por el casco histórico, recorriendo la muralla del castillo, algún jardín semioculto con un precioso estanque central y admirar la portada de las antiguas Carnicerías Reales, epicentro del comercio en épocas pasadas.

                                                                 Castillo
                                                                    Jardín
                                                                  Carnicerías Reales 
                                                      Calle típica del casco histórico

                                        Después de este recorrido me dirigí a ver alguna de las iglesias existentes en la zona que, lógicamente, estaban cerradas casi todas menos una, la de Nª Sª del Carmen, de las otras  Nª Sª de la Asunción y  la Aurora solo pude admirar sus portadas.

                                                          I. de Nª Sª del Carmen
                                                                 I. de la Asunción
                                                                    I. de la Aurora

                                     Continué mi recorrido por callejuelas estrechas y encaladas, descubriendo rincones y pequeños patios llenos de macetas con flores que me recordaban tiempos de mi infancia (no hay que olvidar que soy andaluz recriado en Murcia). Saborear el silencio y el encanto que poseen estos lugares no tiene precio.





                                        Terminé mi recorrido en el Balcón del Adarve admirando sus preciosas vistas y el encantador jardín adyacente al mismo.




                                    Después del agradable paseo regresé para tomar algo en el mismo sitio donde había comido y me fuí al hotel a leer un rato y descansar para el día siguiente.

                                      Tras un buen desayuno y preparar las cosas, conseguí salir del casco histórico y encontrar la carretera que me llevaría a Iznájar. Ya noté algo raro en la cara de un señor al que pregunté por la misma pero es que la carreterita se las trae. Son sólo 30 kms. por la A-333 pero es una carretera muy complicada que transcurre entre subidas y bajadas por extensiones de olivares y más olivares, estrecha, bacheada y con curvas bastante reviradas. Lo único bueno es que es muy poco transitada (¿por qué será?). De hecho solo me encontré en todo el recorrido con dos coches y un grupo de 3 moteros que nos saludamos en plan "macho lleva cuidado que hay peligro de piñazo". De esta guisa llegué a Iznájar con una vista preciosa del pueblo, con el castillo y la iglesia encaramados a un promontorio y que presagiaban unas vistas espectaculares.


                                    La parte baja del pueblo no tenía gran interés y más aún con la sequía que sufrimos ya que el embalse de Iznájar (el más grande de toda Andalucía) presentaba un aspecto lamentable, así que ascendí por las empinadas calles para dejar la moto en un parking y continuar andando hasta el castillo, encontrándome en el camino un precioso edificio denominado Casa de las Columnas que sirvió en el S.XVII como administración de los Condes de Álbiz.


                                 Continuando el ascenso, antes de llegar al castillo, descubrí una preciosidad. Se trata de un recoleto patio denonimado Patio de las Comedias, un antiguo zoco donde se hacían representaciones teatrales y que está decorado todo él en un precioso color azul cielo con una fuente central. La verdad es que es un rincón encantador.



                                     Y ya, sin más, llegué al castillo y la iglesia anexa. El castillo es de los denominados castillos roqueros y está datado desde el S.VIII, aunque con posteriores transformaciones hasta la última del S.XVIII para acondicionarlo como residencia del administrador del  Duque de Sesa y da nombre a la población ("hisn" castillo "al-ashar" alegre).


                            La iglesia anexa está dedicada a Santiago Apóstol y está declarada BIC. Es de estilo renacentista muy depurado y hay pocos datos de su origen y transformaciones aunque hay notas que apuntan a Hernán Ruiz el Joven como su principal impulsor.
                           Después de alguna foto que confirmaba el lamentable estado del embalse, descendí de nuevo para recoger la moto y continuar mi camino.


                           Salí de Iznájar, no sin antes detenerme para realizar una foto de una casa particular que era un buen ejemplo del amor y el cariño con que por estas tierras se cuidan las plantas y las flores.




                                Tomé una carretera bastante más decente, la A-331,  y recorrí los 14 kms. que me separaban de Rute.
                             Rute es un pueblo que no hay que recorrerlo sino olerlo. Si paseas por sus calles todo el pueblo huele a anís, a chocolate, a dulces de Navidad. De hecho tiene innumerables "museos": del anís, del jamón, del chocolate. Creo que, junto con Guadalest, debe ser el pueblo de España que cuenta con más "museos" por metro cuadrado. Me dí una vueltecita sin que nada en especial me llamara la atención y, como no tenía intención de visitar ninguno de estos lugares, retomé mi camino para dirigirme por la misma A-331 a recorrer los 21 kms. que me separaban de mi próximo lugar donde pensaba pernoctar: Lucena.  
                             El pueblo de Lucena ha tenido gran protagonismo desde la época romana, donde se vió envuelto en la guerra civil entre Julio César y los pompeyanos, pasando por la dominación árabe en la que se convirtió en un enclave importantísimo de Al-Aldalus y siendo habitado entre los S.IX y XII exclusivamente por judíos, los cuales crearon una escuela universitaria que posteriormente se trasladó a Toledo.
                                Ya en época cristiana pasó por diferentes manos y en su castillo del Moral estuvo preso preso el último rey de Granada, Boabdil El Chico, apresado en la batalla de Lucena.
                                   Ya en época moderna tuvo un destacado papel en la Guerra de la Independencia y a partir de 1975 inició su despegue económico basado en la industria de la aceituna, la vinícola y la fabricación de muebles.
                                 Todo ello conlleva que su legado artístico y monumental sea muy destacable y a conocerlo me dispuse al llegar a el, localizando en primer lugar mi sitio de alojamiento que era el céntrico Hotel Santo Domingo de Lucena, edificado sobre un antiguo convento del mismo nombre y que tenía un pequeño problema de aparcamiento que pude solventar dejando la moto en un cercano estacionamiento para vehículos de dos ruedas situado apenas a 100 metros de la entrada.  
                                     El hotel en sí es muy bonito, con un precioso patio central que hace las funciones de restaurante, lugar de desayuno y sitio para tomar una copa. Quizás una modernización de las habitaciones no le vendría mal.
                                   Después de dejar las cosas me fuí a dar una vuelta y encontrar un sitio para comer. Al lado justo del hotel está la Iglesia de Santo Domingo. 




       
                              Paseando descubrí rincones y plazas con mucho encanto e incluso calles con nombres curiosos como la de más abajo, cuya interpretación dejo al libre criterio del lector.




                                    Después de comer de tapeo fuí a descansar un rato para luego continuar mi recorrido que me llevó hasta la Plaza Nueva, grande y espaciosa, donde se sitúa el Ayuntamiento con una torre con reloj que marca las horas de la vida de este pueblo. En el lado contrario al Ayuntamiento se halla la iglesia de S. Mateo, considerada una pequeña catedral. Como estaba abierta entré y pude ver su retablo renacentista de Jerónimo Hernández y Juan Bautista Vázquez.


                                                              Ayuntamiento
                                                                 Iglesia de S. Mateo

                               Pero lo más importante de esta iglesia es una pequeña joya denominada Capilla del Sagrario, considerada una de las obras cumbres del barroco andaluz. Construido en el S.XVIII bajo las órdenes de Leonardo Antonio de Castro Hurtado tiene planta octogonal, portada de mármoles y templete central y está completamente recubierta de yeserías policromadas de una belleza extrema.




                                     Continuando el paseo llegué hasta el Castillo del Moral, situado junto a la antigua plaza extramuros llamada el Coso. Es Monumento Histórico Nacional y data la parte más antigua del S.XI, de planta cuadrada con torres en las esquinas, entre las que destaca la torre del Moral y la torre del Homenaje que fué celda del último rey de Granada Boabdil El Chico, capturado por Martín Hurtado en una batalla cerca de Lucena. Actualmente alberga el Museo Artqueológico y Etnológico de la ciudad.




                          Empezaba a caer un ligero sirimiri, así que aligeré el paso y en el camino me encontré con la iglesia de la Purísima Concepción con una fachada claramente herreriana coronada por un frontón triangular.



                             El sirimiri se había transformado en un aguacero como Dios manda, así que no me quedó más remedio que correr a refugiarme en mi hotel a ver que pasaba. Y lo que pasó es que cayó agua a mantas acompañada de truenos y relámpagos y que me impidió visitar otros momumentos que tenía previstos, como los palacios de los Condes de Santa Ana y el de los Condes de Hust o las iglesias de Santiago Apóstol, S. Pedro Mártir o S. Felipe Neri. Es una buena excusa para volver a esta bella ciudad en un viaje próximo.
                                  Refugiado en el hotel y como la lluvia no cesaba, cené allí mismo y me fuí a descansar rezando para que al día siguiente el tiempo mejorara y pudiera continuar mi viaje.


DÍAS 3 Y 4

                              Al día siguiente comprobé con alivio que la lluvia había cesado e incluso tímidos rayos de sol se colaban entre las nubes. Desayuné, pagué la habitación, preparé la moto y me dispuse a tomar la A-339 que en 12 kms. me depositaría en Cabra.
                              Esta población, desconocida por mi, tiene una larga historia de inicio en la época romana (denominada Igabrum)  que continuó en la dominación árabe (Qabra) y que posteriormente fué conquistada y perdida varias veces por las tropas cristianas hasta su definitiva adhesión al reino cristiano por Alfonso XI. Ello conlleva que posea una interesante herencia cultural que se plasma en su castillo y su arquitectura religiosa.
                     Cuando llegué me di una vuelta sin apearme por el centro llamémosle "moderno", donde se sitúa el Ayuntamiento y me dirigí hacia lo que más me apetecía ver que era ni más ni menos que el barrio de La Villa, el núcleo original de la población y donde estaban situados el castillo y la iglesia Mayor. Aparqué sin problemas y tomé el camino que lleva al castillo, un corto y agradable paseo rodeado de jardines y en el que hay un monumento con una reproducción de la Tizona, ya que El Cid participó en una de las conquistas de este castillo.



                                  Al llegar arriba di una vuelta para contemplar las murallas y las callejuelas que conforman el barrio de un innegable sabor árabe.




                                   Después fuí a ver la iglesia de la Asunción, que estaba cerrada, pero que me permitió admirar su preciosa portada del S.XVIII con sus columnas salomónicas.




                                A tiro de piedra de la iglesia se halla el castillo, construido por los árabes y luego conquistado y ampliado por los cristianos. En el trayecto descubrí una pequeña joya. Se trataba de un busto del poeta andalusí Ibn Muafá Al-Quabri que fué el creador de la mujasawa, donde incluyó un canto popular (la jarcha) y que dió origen al zéjel y al villancico. Un popular grupo de folk de la época de los 80, autor de la famosa "Libertad sin ira", se denominaba Jarcha.     



                                 El castillo es de planta cuadrada, con muralla defensiva y torre del homenaje y hoy alberga desde un colegio hasta ¡un gimnasio!.



                                  Descendí del castillo y llegué a la antigua Plaza principal de la población  donde, después de tomar un café y realizar una última foto de la torre de la iglesia, retomé la moto para seguir hasta el siguiente punto, no teniendo tiempo de visitar alguno de los lugares pintorescos que jalonan Cabra, como por ejemplo la Cascada de las Chorreras , la Sima (formación geológica citada en El Quijote), el Lapiz de los Lanchares o el Chorrón. Por cierto, para las mentes malpensadas el gentilicio de los habitantes de esta villa es "egabrenses".




                                 El siguiente punto era un pueblecito llamado Zuheros distante 21 kms. por la A-318. El motivo de mi interés no era el pueblo en si mismo, ya que su patrimonio no es nada relevante, sino una cueva denominada Cueva de los Murciélagos distante 4 kms. del pueblo, que es un yacimiento geológico que tiene la particularidad de estar habitada por estos mamíferos. Cuando llegué o bien debería ser la hora del recreo o estaban de huelga en solidaridad con sus congéneres catalanes porque el caso es que no pude ver ni uno solo de estos bichos haciendo el pino, así que retomé el camino para dirigirme al punto inicial de esta ruta que era Priego.
                  Llegué a Priego con una ligera llovizna (las previsiones meteorológicas para este día eran lluvia con probabilidad del 95-100%). Busqué mi alojamiento, una casa antigua muy céntrica transformada en hotel que se denominaba Hotel-Museo Patria Chica y que se hallaba decorada y ambientada toda ella con objetos, murales y fotos de comienzos del S.XX, con habitaciones supercómodas y que tenía mucho encanto.
                                     Aproveché que era relativamente temprano y me fuí a visitar lo que me había quedado pendiente, pasando por el Ayuntamiento y siguiendo la calle del Rio, lo que me permitió ver algunos de los bonitos edificios e iglesias que la jalonan.




                De esta manera llegué a otro de los lugares emblemáticos de Priego, las fuentes del Rey y de la Salud. La primera es de estilo barroco y fué construida en el S.XIX por Remigio Mármol. Está construida en 3 niveles por donde descienden las aguas de un manantial y consta de 139 chorros con mascarones fantasmagóricos diferentes y está declarada Patrimonio Nacional.





                             La otra es la fuente de la Salud, anterior a ella (S.XVI) y que reclama un lavado de cara urgente.



                                 Como ya era la hora de comer y seguía lloviznando busqué un abrevadero donde degusté algunas delicias como criadillas, gambas rebozadas y cosas por el estilo aderezadas con un fino de rama de la tierra, para ir a descansar al hotel.
                                 Las escasas horas de luz que quedaban las aproveché para comprar un par de botellas del que dicen fué catalogado como el mejor aceite del mundo y un tarro de aceitunas "partías y aliñás". Un paseito nocturno para hacer tiempo y a cenar en el encantador restaurante del hotel atendido por unos camareros atentos y educadísimos.
                                     A la mañana siguiente, desayuno, preparativos, chek-out y caminito de vuelta a casa parando para repostar en Guadix y hacer algunas fotos de los preciosos colores que nos regala el otoño.




                             Bueno, pues este ha sido mi recorrido por esta preciosa zona andaluza. Lamentablemente no podré retomar mis exploraciones de rincones de España hasta que no pase al invierno pero   ..... volveré.

                                     ¡¡Nos vemos de nuevo en primavera !!